La keñua (Polylepis spp.), la orquídea y especies de cactus podrían desaparecer del territorio. Quince expertos ahora tienen la misión de salvar a varias especies en un laboratorio. Texto: Wilma Pérez Soliz/La Razón - Bolivia.
En cientos de tubos de ensayo, frascos y copas de cóctel se define la existencia de algunas plantas en peligro de extinción en Bolivia.
El cuartel general del operativo de rescate, en la ciudad de La Paz, se halla en los terrenos de Cota Cota, en el laboratorio de la carrera de Biología de la Universidad Mayor de San Andrés.
El ingeniero Jorge Quezada, responsable de la unidad de Biotecnología Vegetal del Instituto de Biología Molecular y Biotecnología, comanda a 14 expertos, entre investigadores y tesistas, quienes están enfrascados en la tarea del rescate de plantas como la keñua, la puya raymundii y varias especies de orquídeas, entre otras, que están en peligro de desaparecer del suelo boliviano.
“Una de las principales áreas en que trabajamos es el cultivo de tejidos vegetales. Es una forma de multiplicar plantas en un espacio pequeño y en corto tiempo”, explica el ingeniero y muestra el frasco que alberga una planta ya desarrollada a la que se dividirá en pequeños gajos. Éstos se colocarán a pequeños envases de vidrio para que se reproduzcan.
En una amplia sala, abarrotada de frascos de diferentes tamaños y totalmente esterilizados, se da el primer paso para rescatar al vegetal. Para ingresar al área, el personal debe vestir pulcros guardapolvos blancos, barbijo y gorro; así evitan que agentes externos contaminen el ambiente.
Laboratorio de la vida
Si en la primera sala las amplias ventanas permiten el ingreso de la luz diaria, en el siguiente recinto sólo la luz blanca de los focos fluorescentes ilumina los dos estantes que en sus cinco pisos guardan una variedad de muestras de tejido vegetal recién colocado. El microscopio, casi oculto en un rincón del área, sirve a los investigadores para controlar el crecimiento de las plantas. Al igual que en los invernaderos, la temperatura marca 20 grados.
Con tan sólo atravesar el umbral de la otra sala, el panorama cambia. Frascos casi llenos con gajos de keñuas, palmeras, helechos y bromelias llenan el lugar y testifican que la operación de rescate de especies vegetales en peligro de extinción es un éxito.
Así lo confirma la última etapa. En la pequeña sala, apenas iluminada por un mechero, la investigadora Gabriela Villegas separa la planta ya desarrollada en gajos y los introduce uno a uno en otros frascos para llevarlos a la sala. El proceso dura de tres semanas a un mes. En un ambiente natural, luego de que la planta ha desarrollado durante un año, se requeriría un mínimo de seis meses para poder recuperarla.
Las armas pacíficas
Para rescatar a las plantas, los expertos usan diversas armas, de acuerdo con el área en que trabajan. Si van al campo a recolectar especies en peligro de desaparecer, hablan además con los lugareños para informarles sobre la depredación de las especies.
Para cumplir con ese objetivo, los investigadores se turnan y viajan a diferentes regiones como el parque de Cotapata, Amboró, Madidi y a las poblaciones de los Yungas. Estas visitas se hacen con el apoyo de organizaciones internacionales involucradas en el tema de la biodiversidad.
Al llegar a esos lugares, los científicos descubrieron que hay casos en los que los comunarios utilizan las plantas como combustible, comida para sus animales, material de construcción o para el comercio, como las orquídeas. En el caso de los cactus, por ejemplo, los pastores queman su base, pues los rebaños de ovejas se enganchan en las duras espinas de sus hojas.
“Quien les pone en peligro, generalmente, es el hombre. Muchas veces es por depredación, pues como hay lugares en los que no se cultiva, se extraen plantas del bosque y no se reponen. El proceso sigue y sigue hasta que la especie llega a desaparecer”, afirma el ingeniero Jorge Quezada.
Los biólogos libran con éxito la primera batalla, pero aún les falta ganar la guerra y recuperar, con la ayuda de otros expertos, los más de 2.000 tejidos vegetales que están en peligro de desaparecer del paisaje boliviano.
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