No en mi patio trasero pero llévate la contaminación un poco más allá

llévate la contaminación

“No en mi patio trasero pero no te alejes mucho que me quitas mi libertad por el consumismo”.

Llévate la contaminación un poco más allá

 

Debo admitir que este artículo reflexivo escrito por nuestro colega Joam Monroy, químico ambiental y estudiante de filosofía (Colombia) me deja pensando en los dobles estándares que se han vuelto en parte cotidiana de nosotros.

Él ya nos hace notar algo que no estaba en la superficie, sino que interiormente pero domina nuestras acciones: el egoísmo.

¿Quién no quiere el último teléfono celular a mano pero si hablamos de los metales tóxicos utilizados que éstos se hallen no en mi patio trasero.

Nuestra vida de consumismo y egoísmo

 

Sería difícil negar que el espíritu de esta época nos hace egoístas e individualistas en busca del éxito personal.

Todo se ha transformado, hasta los bailes actuales son una expresión del aislamiento.

Hombres y mujeres moviéndose al ritmo de los bits electrónicos en un mar de gente, pero encerrados en su propia cabeza sin relacionarse con los que le rodean.

Esta separación comenzó hace mucho tiempo cuando los grandes capitales se dieron cuenta de que:

  • Primero, los individuos solitarios eran más fácilmente manipulables, estaban desinformados puesto que carecían de relación con su entorno,
  • y segundo, se sentían más débiles que cuando estaban en masa (así la multitud fuese tan solo de una familia).

¿Divide y vencerás?

La mayoría caímos en aquel sofisma que nos plantearon de libertad acompañada, de soledad en búsqueda del éxito personal, surgir, triunfar y todos los calificativos que se han renovado constantemente para no pasar de moda, pero, ¡cómo nos afecta esto a nivel global!

¡Cómo afecta esta postura a nivel ambiental!

 

Evidentemente alguien que consuma por ejemplo, productos manufacturados en países donde la mano de obra es explotada tal cual como si fueran esclavos de la antigüedad, y me atrevería a decir que peor, es un consumidor inconsciente y egoísta al que no le importa la otredad y las condiciones de sus semejantes.

Si vamos más allá, si llegamos hasta los mismos movimientos ambientales que luchan contra el deterioro de la naturaleza y la salud, nos encontraremos, aunque nos sorprenda, con sujetos que han sido llevados por los mismos sentimientos de egoísmo e individualidad, aunque no se den cuenta, o a lo mejor sí.

Has tus porquerías pero No en mi Patio Trasero

 

Hablo aquí de los sujetos  NIMBY (Not In My Back Yard) no en mi patio trasero por sus siglas en inglés.

Estos son ciudadanos que parecen preocuparse mucho de los problemas sociales, políticos o ambientales, pero sólo cuando estos le afectan directamente sin intentar nunca reducir su causa real.

Por ejemplo: todos sabemos los beneficios de la energía eólica, pero en Reino Unido gran porcentaje de estos proyectos han sido detenidos pues no desean esos molinos en sus propiedades, a pesar de los beneficios hasta económicos que les representan pues, a su parecer, dañan el paisaje.

“Cuántos casos conocemos en que decimos llévate la contaminación pero no renunciaré a mi consumo”

O veamos también la dañina práctica del fracking a la cual la mayoría de gobiernos locales  se oponen (alcaldías, gobernaciones)  pero aun así  se sigue realizando, pues el consumo global de petróleo extraído mediante esta práctica es muy alto.

Los casos  son múltiples, se pueden seguir contando, las aguas contaminadas que nadie quiere, las antenas de celular que nadie quiere, la explotación a cielo abierto que nadie quiere, pero si seguimos consumiendo de manera desaforada los bienes y servicios que de allí se producen no tenemos autoridad, digamos… moral, para criticar realmente estos procesos.

Que existan pero no cerca a mí

 

Querer que estas consecuencias no estén cerca pero que sigan existiendo, es delegarle el problema a otra persona, a otra comunidad, a otra región.

En la mayoría de las ocasiones será la más pobre, aquella que no tenga la posibilidad de enfrentarse a las “locomotoras del desarrollo”.

Aquí regresa el espíritu de la época actual:

  • Seres altamente individualizados que no piensan en sus semejantes, solo desean su propio bienestar, incluso si es a costa de otros.

 

Muchas campañas han intentado mostrar lo que estas industrias le hacen a las comunidades.

Como contar cómo generaciones enteras han sufrido malformaciones.

O cómo las condiciones de calidad de vida se han reducido enormemente llegando a la pobreza extrema, pero aun así, incluso aunque lo veamos, lo único que sentimos es un deseo inmenso de que no nos suceda a nosotros.

Pues ante esto debo decir que es posible que sí termine llegando a nuestro patio trasero.

Que incluso entre a nuestras casas y nos devore con la misma brutalidad que lo ha hecho con otras regiones del mundo.

Solo entonces comprenderemos que el sistema global ya no está aislado y lo que le suceda a los humanos al otro lado del planeta también me sucederá a mí.

Sólo cuando salgamos de nuestro cascarón de individualidad y reconozcamos al otro cambiaremos nuestros comportamientos y modificaremos la realidad.

Alguien me dirá, “igual de algo nos tenemos que morir”, y yo le diría “que no sea de egoísmo”.

¿Y usted qué opina?

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Marcelo M.

Marcelo Moscoso P. consultor ambiental, formado en Ingeniería Agronómica y Medio Ambiente. Tengo este blog que se nutre de ciencia, el medio ambiente y los animales. Bienvenido.

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